Carlota

Guatemala
La Colectiva Feminista Actoras de Cambio en Guatemala, es una referencia muy importante en el trabajo de memoria con mujeres que han enfrentado la violencia del Estado guatemalteco. Buscan “acompañar procesos de sanación, autoconciencia y autoafirmación con mujeres sobrevivientes de violencia sexual en la guerra y en la actualidad…” Traemos a este Archivo, 2 de las 9 historias de vida que se pueden ser consultadas en su web: www.actorasdecambio.org.gt

«Lo qué pasó en la guerra lo tenemos guardado en nuestro corazón; y eso nunca se nos va a olvidar»

La Finca

Viví en San Pedro Carchá, ahí crecí. Cuando estuvimos con mi mamá éramos pobres pero mis padres nos hicieron crecer. Ellos se quedaban en la casa con nosotros porque trabajaban en la finca de café Chikixjin, cuando estaban en su casa los hombres descansaban pero cuando venían a chapear a la finca tenían que levantarse muy temprano a las cuatro de la mañana para terminar hasta las cinco de la tarde. Mi mamá y yo nos levantábamos a las tres de la mañana para preparar la comida para mi papá. Otras señoritas y yo íbamos a limpiar la milpa, pasaban cuatro o cinco semanas para que mis papás vinieran porque el administrador de la finca no los dejaba venir antes.

El trabajo que hacía mi papá era de excavar zanjas, yo sé cómo trabajaba mi papá porque lo veía sembraban café, plátano, ese trabajo lleva semanas y es muy duro, eso decía mi papá. En la hacienda discriminaban mucho a nuestros padres, no les pagaban bien 25 ó 50 centavos y hacían mucho trabajo; los dueños no van a trabajar sino los pobres que con mucho sol o con lluvia tienen que hacerlo, nuestros abuelos también trabajaron ahí y les pagaban 10 centavos.

Cuando crecí tenía una sola camisa y un güipil y mi mamá costuraba mi camisa porque antes no había mucho dinero y no teníamos mucha ropa como corte y camisa, pienso que los pobres son los que hicieron un trabajo muy grande para los ricos, por eso los ricos salen adelante porque no pagan bien los trabajos de los pobres campesinos.

Nosotras las señoritas nos quedábamos en la casa, éramos como seis y empezábamos a trabajar en una cuerda de milpa terminábamos como a las once de la mañana y después trabajábamos en arroz, con azadón en el campo con eso limpiábamos la milpa, lo hacíamos rápido para terminar y apoyar a la otra señorita, no queríamos que nuestra milpa se quedara en el monte por eso nos juntábamos.

En ese trabajo que hacíamos nos ayudábamos entre todas las señoritas por ejemplo hoy trabajábamos con una, mañana con otra, estaba mi hermana, mi tía y mi prima, trabajábamos todas, cuando nuestras milpas estaban grandes nos poníamos contentas.

No salíamos a ninguna parte ni siquiera a la escuela, porque en nuestra comunidad no había escuela para nosotros, sólo había escuela en la finca para los hijos de los finqueros, yo no conocía escuela por eso ahora no sabemos ni una letra, el dueño de la finca no daba permiso a nuestros padres para que nos mandaran a la escuela, cuando un niño tenía doce años lo obligaban a trabajar a la finca de café.

Así pudimos comer para pasar la vida porque nosotros vivimos en la pobreza cuando crecimos, no les daban permiso a mis padres de descansar; los padres que trabajan en la finca se van cuatro o cinco semanas hasta que se cumplen esas semanas regresaban cuando ya no tenían comida. Yo hacía canastas dos decenas para vender pero me costó mucho, se lastimaban mis manos pero con ese trabajo conseguíamos dinero para comer.

Canastas

Crecí en un clima frío ahí conseguía el material para tejer mis canastas, las vendía en el mercado así comían todos mis hermanitos, me iba con mis tías al mercado, ellas también vendían canastas. En un día hacíamos dos docenas, casi no dormíamos y no comíamos porque no teníamos nada que comer, sólo plátanos, no era mucho lo que ganaba pero antes era barato todo. Vendía las canastas en veinticinco, cincuenta o setenta y cinco centavos ese era dinero para la pobreza en que vivíamos.

Mis hermanos nos ayudaban solo de noche porque de día estaban trabajando hasta las seis de la tarde luego se ponían a hacer canastas y cuando nos aburríamos de hacer canastas jugábamos, lo hacíamos porque estábamos cansados de estar sentados lo hacíamos un rato y después regresábamos otra vez a trabajar. En ese tiempo no conocíamos pelota ni teníamos zapatos, hasta aquí conocí los zapatos y los molinos de mano porque antes molíamos el maíz con piedra, con mi tía conocí el molino, no conocíamos muchas cosas por eso vivíamos tristes.

Un día cuando amaneció vimos que ya no teníamos material para trabajar nos fuimos a la montaña a buscar más materiales, yo tenía diez años, era pequeña, eso nunca se me va a olvidar, mi mamá me pegaba mucho porque no aprendía rápido ella quería que hiciera los canastos rápido pero yo me aburría, me decía “no sólo jugar es lo que vas a aprender sino también el trabajo de la casa”, por eso me pegaba, pero no mucho y los canastos son muy bonitos.

Tenía una buena relación con mi mamá porque soy la única mujer, dicen que los papás son enojones pero no es cierto, mi papá me quería mucho porque soy trabajadora, cuando voy al mercado a vender mis canastas siempre le llevaba un sombrero o un pantalón o su camisa, Dios me daba el dinero para eso, él no me pegaba, me quería mucho y si yo no hubiera aprendido a trabajar tal vez mi papá me despreciaría.

En la finca cuando llega el día de cortar el fruto de café al jefe no le gusta cuando cae un fruto los trabajadores lo tienen que recoger, tienen que tener limpio abajo del café, había un caporal quien estaba vigilando los trabajos que hacían los campesinos, cuando llegaba mi papá a la casa nos decía, “tardamos porque tuvimos que recoger todo el café que se cayó” nos decía que ellos sufrían mucho “en cambio ustedes como mujeres comen algo en la casa y lavan sus manos; nosotros pobres no lavamos nuestras manos y comemos así el almuerzo, con nuestras manos tocamos popó de personas de bajo del café”.

Yo no trabaje en la finca sólo mi marido y mi papá pero algunas mujeres viudas ellas si tenían que ir a la finca a trabajar a pagar sus tierras donde tenían sus casas, a veces vienen un mes a cocinar a la finca, eso nos duele mucho que las mujeres trabajen junto con los hombres; mi hermano se murió y su mujer se quedo con mi papá, cuando escucharon que mi hermano se murió le llegaron a decir a mi papá “ella tenía que ir a trabajar y cocinar comida para los trabajadores en la finca para pagar sobre terreno”, si una mujer no va al trabajo la desalojaban de la finca.

Mis padres eran pobres ellos también crecieron debajo del café, cuando mis hermanos tenían doce años iban con mi papá a trabajar a la finca, cuando un niño ya es grande tiene que ir a la finca a trabajar, es obligatorio si un niño no va a trabajar nos desalojan, decía el dueño que “esas personas no quieren trabajar porque son haraganes y si no quieren trabajar es mejor que se vayan de ese lugar y que entre otra persona en lugar de ellos”, los dueños de la finca están vigilando quienes son las personas que tiene hijo de doce años, es doloroso lo que vivimos no nos dejaban descansar, los patrones de la finca son los que mandan.

A los jefes de la hacienda no les gustan que uno falte a su trabajo por eso no sabemos nada de las organizaciones porque no dejaban salir a los hombres a las reuniones, los finqueros de café son ricos porque solo pagan un poco a los hombres que trabajaban para ellos y por eso ganaban millones de dinero porque no pagaban más a los hombres por eso son ricos y lo que decían los finqueros, cuando los hombres dejaron de trabajar en el café, “ahora ya se fueron los haraganes”; las personas tenían miedo porque no hay donde ir por eso aguantaban trabajar en la finca.

Partir de Casa

Mi marido es de la misma aldea donde yo vivía, mi mamá no me daba permiso de salir a pasear solo en los trabajos, cuando no estaban mis hermanos nosotras las mujeres nos íbamos a la montaña a buscar materiales para hacer canastas solo ahí me dejaban ir porque solo somos mujeres; yo tenía dieciocho años cuando me junte con mi marido, me juntaron rápido tal vez por la pobreza, no conocí al hombre con quien me junté porque llegaron tres a pedirme y mis padres no les aceptaron hasta el cuarto, lo aceptaron al fi nal porque en total éramos siete y yo soy la única mujer entre mis hermanos, claro que yo tenía mis hermanitas pero todavía eran pequeñas y se murieron en ese lugar donde vivían mis padres se murieron de una enfermedad, asma.

Mi marido no tenía padre, creció huérfano y cuando llegaron a pedirme llego con mi tía y mi mamá. Cuando mi papá me dijo que tenía que casarme me dolió mucho y lloré cuando mi mamá me dejo con ese hombre yo no sabía ¿qué hacer?, mi mamá y mi abuela hablaron conmigo y me dijeron “ahí tenés cuidado, juntarse con un hombre ya es diferente –me decían– ya estás en tu casa y vas a quedarte con tu marido”, cuando me fueron a dejar estaban todos mis familiares y ahí estaba mi abuela, mi abuelo y cuando ellos se fueron me puse a llorar porque estaba acostumbrada a estar en mi casa y estar en casa de otra persona ya es diferente, lloré mucho tenía miedo cuando entró la noche, no sabía ¿dónde iba a dormir?, me asusté mucho, pero también mi mamá me dio consejos cómo están los hombres de que una se acuesta con su marido.

Ya luego me puse contenta cuando cumplí tres días con mi marido, empecé a darle su comida y su fresco y mi mamá me dijo “no quiero que no vayas a darle su comida y agua a tu marido”, me gustó mucho cuando me junté con mi marido ahí deje de trabajar, estaba aburrida de trabajar, cuando me junté con él ya no trabajé porque mi marido me mantenía, poco a poco se me olvidó mi casa donde yo vivía.

Después me pasé a la casa de mi suegra, cuando me fui con ella me quería mucho pero poco a poco a los seis meses empezaron a maltratarme mi suegra y las hermanas de mi esposo, decían que yo andaba haciendo cosas con otro hombre por eso me salí y me fui con mi mamá, mi marido se quedó en la casa de su mamá, después llego a llevarme de la casa de mi mamá pero mi papá no lo recibió hasta la segunda vez, lo que no le gustó a mi papá fue cuando mi suegra me maltrataba.

Mi marido me pegaba con lazo porque su hermana le dijo que yo andaba haciendo cosas con otro hombre y cuando llegué a la casa de mi papá le conté todo lo que me había dicho y mi papá me dijo “es mejor que vengas a la casa aunque sea algo para pasar el día”, luego llegó mi marido a la casa de mi papá y mi papá lo empezó a regañar “por qué llegaste a pedir a mi hija si ella no sabe su trabajo yo no hubiera aceptado que se juntara contigo, tal vez mi hija aguantaba hambre con ustedes es mejor que se quede conmigo –le dijo– si te quieres quedar en mi casa se puede y si no quieres te puedes ir, porque mi hija no le va pasar nada en mi casa, yo voy a buscar la manera de mantener a mi hija, ¿quieres buscarte otra mujer?”, –mi marido dijo– “ no, yo no voy a dejar a mi esposa, hasta que me muera”.

La casa la construimos en la hacienda porque mi papá todavía trabaja en la finca, antes no había terreno para construir casa porque todo era finca, mi marido trabaja en el café, hasta que nos venimos cambiamos de lugar porque mi tía vivía en San Marcos y llegó un día con nosotras y me dijo “es mejor que te vengas con nosotros” y mi marido dijo “voy a ir primero a ver el lugar y después vengo por ustedes”, ese terreno era una hacienda pero como ahí había dos señores me imagino que eran administradores entonces pedimos permiso por eso pudimos quedarnos en esa aldea, chapeamos el terreno de nuestra milpa y si los comités no hubieran aceptado yo digo que estaríamos en nuestra comunidad donde vivíamos antes. Si mi marido no hubiera salido de esa finca, yo estaría en manos de los finqueros trabajando por eso me vine a San Marcos y cuando me vine ya se había muerto mi papa. Cuando llegué a San Marcos sólo tuve el hijo que está ahora conmigo, cuatro se murieron ahí en San Marcos pero solo varones, cuando me vine a este lugar yo tenía cinco hijos, tuve aquí unos en San Marcos, en total son 10 y cuatro se murieron.

Cuando llegamos a San Marcos todavía era montañas, ahí tenia casita el patrón que se llamaba don Toño pero poco a poco se salió, se fue el patrón, Dios sabe por qué se fue, se fue antes de la guerra nos dijeron que se fueron a sus pueblos a pasear, tal vez ya sabía que iba haber una guerra por eso se fue, cuando murieron los presidentes de la tierra el señor se iba en Guatemala en la INTA y después buscaron otro persona que es José Choc eso antes de la guerra pero algunos dicen que los dueños de la tierra están en Chiquimula pero no sé si es cierto.

Tuve muchos hijos porque cuando yo crecí no había escuchado de esas pastillas para no tener tanto hijos, Dios sabe, cuando quede embarazada solo con curanderos nos íbamos, en esos días no conocíamos doctores hasta ahora, también mis hijos no los conocían hasta ahora que veo que dan pastillas, para mí son importantes mis hijas porque me da lástima cuando ellas se quedan embarazadas y tienen muchos hijos y yo no puedo hacer nada con ellas porque no sé cuáles son esas pastillas, sufrí lo mismo que están sufriendo ellas porque somos mujeres y tenemos que pasar eso y no tenemos que avergonzarnos de lo que nos pasa. Mi mamá me decía “cuando vas a tener relación no te asustes”, yo no conocí a un hombre cuando crecí, no me dejaban salir cuando era señorita ni tampoco estudié, solo al trabajo nos dejaban ir, si me hubieran dado la oportunidad de estudiar tal vez ahora yo pudiera leer y escribir; en cambio ahora las patojas ya saben cuál es la relación con los hombres, yo no sabía nada.

Dos de mis hijos se murieron y una mujer, sólo se quedaron cuatro mujeres y tres hombres, tres de mis hijos se murieron de una enfermedad cuando estaban muy pequeños y mi hija la que se murió el ejército la mató en la montaña.

Cuando mataron a mi marido me quedé sola, tuve que ir a enseñar el trabajo a mis hijos y agarré el machete y me fui con mis hijos donde estoy viviendo ahora, les dije vamos hijos no sólo jugar van aprender, sino que van aprender sus trabajos de campo. No les enseñé a robar, les enseñé su trabajo como me enseñaron a mi cuando yo crecí, mi hijo el mayor sabe hacer canastas también a los demás les enseñé, mis hijos dicen cuando van a trabajar al campo “porque no somos mujeres tal vez nuestro trabajo sería diferente”.

Los Militares no Caminan sin Armas

Me quedé sola, por culpa del sufrimiento nos separamos de mi marido no fue por culpa de Dios si no culpa de un hombre por eso ahora estoy sola, tampoco mi marido tuvo la culpa de que esté trabajando sola si no que los militares tienen la culpa porque ellos mataron mucha gente, los militares dejaron a mis hijos solos sin papá y yo como una mamá pobre busque la manera de mantenerlos; si yo no hubiera aprendido a trabajar en el campo tal vez mis hijos se hubieran muerto de hambre, aguanté llevarlos al campo y también les di consejo para que salgan bien, no les enseñé a robar cosas, les digo a mis hijos, ustedes también se dieron cuenta cuando se llevaron a su papá no es que su papá quiso quitar la vida si no que por culpa de los militares se murió; cuando los hombres se vinieron en la finca Tinaja todos estaban llorando porque todos dejaron sus casas y sus familias, nuestros maridos no tenían la culpa, no robaron nada en el almacén de los militares, cuando los militares los mataron, mi esposo no era muy anciano cuando lo mataron porque yo tengo hermanos que son más ancianos que mi marido y todavía trabajan.

No recuerdo en qué año llegaron los soldados, tal vez ya es mucho tiempo, llegaron en la comunidad de San Marcos. Cuando llegaron los militares a esta hacienda aquí descansaban en Rió Zarco; eran bastantes son tres carretones y en mi comunidad llegaron veinte militares salieron en grupos cuando se fueron a cada casa, me asusté mucho porque yo no conocía a los militares nosotros no sabíamos nada de la guerra que había hasta ahí lo vimos cuando llegaron y nosotras nos preguntamos ¿qué es lo quieren? sólo escuchamos que estaban en la finca Río Zarco y ellos no caminan sin armas.

La primera vez que llegaron los ejércitos mataron al presidente del comité de tierra y su esposa se quedó; la esposa del comité estuvo una noche con los militares en la escuela y estuvo junto con su hija ahí fueron violadas porque al presidente lo odiaban mucho por la tierra, es muy doloroso lo que nos hicieron los militares, ahí fue cuando se quedaron muchas mujeres, claro que en esa comunidad agarraron mucha gente, muchas mujeres vieron cómo sus maridos fueron torturados por eso ya no quisieron vivir en esa comunidad.

Cuando los hombres fueron amarrados los militares los reunieron en la escuela, de una vez lo trajeron me imagino que de noche se salieron porque nosotras ya no lo vimos cuando vinieron, los militares no nos dejaban ver a nuestros maridos, uno sobrevivió, estuvo tres días en la finca Tinaja, él es catequista me contó cómo sufrió mi marido, me dijo “ya no se le veía la cara estaba lleno de sangre, estaba amarrado y cuando tenía sed le daban orina de animales y de los militares y cuando tenían hambre le daban caca de animales y de personas.

Yo estaba en mi casa como a las seis de la tarde cuando los ejércitos llegaron y la rodearon, ahí estaban mis niños, cuando llegaron los militares mandaron a mis niños a fuera de la casa y les enseñaron el arma, mis niños se salieron y se fueron a la orilla del río y cuando me quedé sola en la casa ahí mismo me violaron dos soldados, yo tenía mi niño en mis manos pero los militares me lo quitaron ahí me violaron, yo tenía una hija pero mi casa tiene dos puertas y mi hija salió por la puerta, fue a esconderse, ella no fue violada, mis tres hijos estaban ahí cuando me violaron pero todavía estaban pequeños como de cinco años y las que estaban grandes ya se habían ido a la montaña estaban junto con sus maridos por eso no fueron violadas.

A mí me dolió mucho cuando me hicieron eso porque a mi marido ya se lo habían llevado y no había alguien que me ayudará, me duele mucho porque yo no me ofrecí a ellos, estoy casada y los militares no me preguntaron si tengo marido, te agarran a pura fuerza como tienen más fuerza que las mujeres y además no puedo decir que no porque los hombres tenían armas, no dije que no porque tenía miedo que me matarán los militares.

Me empezaron asustar pero yo no estaba acostumbrada, tengo mi marido y eso no he podido decírselo a mis hijos porque es muy doloroso, no sé si Dios me va a perdonar, no sé si violaron a muchas mujeres, me imagino que sí, cuando estuvieron los militares en mi comunidad no salíamos a ninguna parte, teníamos miedo, los militares estaban entre las casas, no podíamos salir a pasear porque ellos estaban en el camino, todo eso hicieron los militares.

También a mi hermano lo mataron, él era el mayor en la comunidad, los militares decían que mi hermano también daba comida a los guerrilleros, mi hermano era joven tenía un hijo. Los militares nos decían que nosotros dábamos comida a los guerrilleros.

Los militares separaron nuestra familia de nuestra casa, ahí se quedaron mis vacas y todo lo que yo tenía en casa, quemaron mi casa y todo lo que había ahí dentro mi piedra y mi molino, todas mi ollas ¡ay Dios!, cortaron todos nuestras cosechas maíz, plátano, café, fríjol, naranja, nos dejaron sin nada quién mandó a los militares es Don Canche que estaba en la municipalidad de Panzós.

En cambio cuando llegaron los guerrilleros a mi comunidad no teníamos miedo porque sabíamos que ellos nos defendían y ellos no nos mataron; los guerrilleros hacían todo escondido porque ellos querían que no mataran mucha gente pero los militares solo llegaron a matar mucha gente.

Luego de la masacre, cuando ya se había muerto mi marido, los guerrilleros llegaron a buscarnos por eso salimos de San Marcos porque yo tenía mucho miedo de los ejércitos, me fui porque quise salvar mi vida y la de mis hijos, me fui en la montaña por esa razón mis hijos se salvaron; cuando ya estábamos en la montaña los guerrilleros nos decían como nosotras podíamos defendernos de los militares y nos decían que era mejor escondernos, los guerrilleros también nos enseñaron a manejar el arma pero mis hijos pequeños no aprendieron ni yo, solo mis hijas grandes aprendieron.

La Montaña

Antes Río Zarco era una hacienda, los guerrilleros sabían lo qué paso nos dijeron que cuando llegarán los militares “ustedes tienen que estar listos para defenderse y no tienen que decir que aquí estamos nosotros los guerrilleros solo tienen que decir, no vemos nada” eso nos dijeron.

Cuando se llevaron a mi marido yo estuve todavía un mes en San Marcos y después me fui a la montaña porque los militares llegaron otra vez y tenían un listado de nombres de mujeres y mencionaron el nombre de mi hija que ya se había juntado con su esposo, no sé cómo supieron el nombre de mi hija y decían que mi hija era mujer de los guerrilleros por eso lo querían matar y por eso salió ella a esconderse pero no participaba en reuniones; los militares solo llegaban tres veces a la semana ese mes, no estuvieron mucho tiempo ahí pero cuando salimos de San Marcos ya vigilaban nuestra casa y nosotros nos escondíamos en una montañita que estaba cerca de la casa, hasta cuando entró la noche, llegaron a mi casa porque escuchamos cuando venían a la comunidad, los militares vieron que ya no regresamos estaban preguntando ¿por qué ya no regresamos?, nos estaban buscando en cada casa, después quemaron nuestra casa.

En la montaña vivíamos juntos todos mis hijos y yo, cuando llovía ellos buscaban hojas de Maracay con eso construían una casita, no tan buena porque no nos manteníamos mucho tiempo ahí llegaban los militares a sacarnos, cuando uno está sentado cuando escucha los tiros una tiene que huir del lugar y esconderse por eso nos cambiamos de lugar. Ahí la verdad estuvimos juntos con mis hijas porque yo no quise abandonarlas, en ese tiempo una mi hija estaba juntada cuando pasó la guerra, sus dos hijas nacieron en la montaña, mis otras dos hijas todavía estaban pequeñas y el otro con quien estoy viviendo ahora él estaba muy pequeño tenía dos años, cuando me fui en la montaña yo tenía ocho hijos y en la montaña se murieron dos, una mujer y un hombre, a mi hija la mató el ejército y el otro se murió de hambre, mis hijos querían comer de todo y me pedían lo que querían pero yo dónde lo voy encontrar, lo que me pedían estaba en mi casa y yo lloraba mucho porque en la montaña no teníamos nada.

Cuando los soldados mataron a mi hija ella tenía su esposo, ya se había juntado y estaba embarazada esa vez también mataron a otro hombre a ese hombre lo pusieron encima de mi hija, lo hicieron a la orilla de un rió a la par de nuestra siembra de maíz, no somos muchos los que estuvimos ahí porque algunos de nuestros compañeros se quedaban retirados, yo salvé mi vida porque me tiré al río, el rió estaba sucio y crecido, cuando yo lo estaba cruzando escuche el ruido del los tiros por eso me fui y no vi donde se quedó mi hija, luego salí un rato del rió y me senté a la orilla y cuando escuchaba los tiros me tiraba otra vez, ahí dije “hasta aquí llegue”, pensé mis hijos ya no van a saber dónde me morí, estaba orando debajo del agua, en nombre de Dios me salvé y no tragué agua, después me escondí debajo de un montón de hojas de árbol y luego pensé a dónde ir y me fui nadando como cinco cuerdas, cuando salí del río me fui caminando, no sabía dónde encontrar a mis compañeros y mis manos estaban llenas de espinas, también mis pies se llevaron tres días quitándomelas.

Ese día solo mataron tres hombres y a mi hija, no mataron mucha gente porque los militares ya no pudieron pasar al otro lado del río pero yo no lo vi, otras personas me lo dijeron “los militares le quitaron la cabeza a un hombre” y todo lo que le hicieron los militares a mi hija le echaron palo encima, ellos querían que mi hija se quemara y quedara pura ceniza pero mi hija no se quemó porque el palo que le pusieron encima y ahí se quedó el cuerpo de mi hija. Esta historia solo una vez la conté a los comisiones de Táctic pero las comisiones no aceptaron su expediente porque dijeron que yo todavía estoy viva.

Mi hijo llevaba tres semana de estar junto con su esposa cuando vino la guerra y después se fueron a la montaña, mis dos hijas se juntaron en la montaña y mis dos hijos aquí en la comunidad, llegaban muchos hombres a pedir a mis hijas en la montaña ellas no salían ahí estaban a la par mía, no las dejaba salir a ninguna parte, yo les dije a los hombres ¿qué les pasa a ustedes? no ven que no estamos en la casa sino que estamos en la montaña, de todas formas mis hijas no querían pero después las obligué a que se juntaran porque yo tenía miedo que los militares las violaran, mi hija es joven de catorce años y tenía miedo de su marido, no quería dormir a la par de él, ella siempre se venía dormir conmigo, yo creo que junté a mi hija también por la pobreza, yo no encontraba lo suficiente para mantenerlas, pienso que hice lo correcto, ahora mis hijas están en sus casas no han encontrado problema.

En la montaña mis hijos me apoyaban, nos llevamos bien, yo tenía una nuera de trece años y las personas me preguntaban ¿es tu hija? toda la familia de ella se murió durante la guerra, los militares nos hicieron sufrir mucho, así como sufre un animal.

Nos venimos de la montaña porque llego un avioneta a llamarnos y dejo un nota en la montaña y esa nota los hombres la encontraron, después ellos nos dijeron lo que estaba escrito en el papel, “ya llegó el momento, nos podemos ir” en ese momento nos dejamos en las manos de los militares ya no aguantábamos estar en la montaña sin comer nada, ni sal, ni chile, así estuvimos durante seis años.

Cuando al fin salimos de la montaña no aguantábamos caminar, fuimos a una aldea que se llama Semokoch, ahí descansábamos un rato, llegó un tractor a llevarnos a un escuela, ese día nosotros traíamos dos banderas eso significaba que no nos mataron, la gente se dio cuenta que regresamos de la montaña, lo que queríamos era entrar nuevamente en la comunidad, después cuando salimos en esa comunidad vino el comisionado a dejarnos en Cavilán descansamos un rato en la finca Pataxte, no nos querían llevar hasta Cobán, nos dijeron “ahora nos vamos todos” y nos fuimos caminando hasta la orilla del río pero entró la noche nos quedamos en un casa como de vacas llena de popó de animales y arriba estaban los soldados, ahí estábamos solo mujeres, nuestros maridos no sabíamos dónde se habían quedado porque se fueron en otra lancha y se atrasaron y nosotras las mujeres llegamos rápido, solo escuchamos cuando los hombres estaban gritando.

Cobán

No había nada de comida y no descansamos más que un rato, los soldados nos pegan en la espalda y nos meten en la camioneta y a veces jalan a los compañeros de su pelo, nosotros tenemos mucho miedo por las armas, tampoco sabemos dónde nos llevaban porque salimos noche, algunas mujeres me dijeron es el camino que se va para la capital, somos dos camionetas una de mujeres y otra de hombres, fuimos en la zona militar de Cobán.

Cuando nosotros regresamos de la montaña las personas nos criticaron, nos decían que hedemos mucho todos estamos bien fl acos y tal vez era cierto lo que nos decían en la montaña no encontramos nada de jabón para lavar nuestra ropa y no conocíamos jabón.

En la camioneta los soldados querían matar a uno de nuestros compañeros, el señor nos dijo “si me matan les ruego que me cuiden mi esposa” él escuchó que los militares estaban hablando en español, los militares empezaron a decirle al señor en español “nos vas a contestar si no, sos una mierda o sos una mujer” hasta que llegamos a El Rancho y ahí nos amanecimos, cuando llegamos en la zona militar de Cobán ya no hicieron nada.

Estuvimos cinco meses en Cobán en una casa pero solo mujeres en otra se quedaron los hombres lloré mucho cuando llegué ahí porque los ejércitos nos tuvieron encerradas y no hacíamos nada, en la zona militar hay muchos soldados, los militares nos hacían preguntas, teníamos miedo, sabemos que los finqueros y los militares estaban en comunicación, los militares nos preguntaron ¿qué es lo que nos dijeron los guerrilleros y cómo es la cara del jefe de la guerrilla?, ¿quién los coordina a ustedes? nosotros le decíamos “nadie, nos fuimos porque teníamos mucho miedo de los militares porque nos desalojaron de nuestra casa”, claro que no dijimos el nombre de los jefes y todos decíamos lo mismo.

En Cobán hay una señora que se llama Amalia, es licenciada y ella nos dice “pobrecitas ustedes” ella nos quiere mucho, le gustaba platicar con nosotras, nos dijo “ahora ya se van a sus comunidades quiero que aprendan a usar la piedra para tortear –nos dio una piedra a cada una de nosotras– para que los hombres se den cuenta de que ustedes no son huevonas” los hombres nos decían que nosotras no podíamos hacer nada y que hedemos mucho. La señora Amalia nos dio consejo, nos dio semilla de fríjol y todos y todas trabajamos en la cosecha.

En la zona militar de Cobán nos vieron bien y nos dieron nuestra comida los tres tiempos, igual fue cuando nos venimos aquí en Sepur Zarco teníamos libre nuestra comida y además nosotros cocinamos porque nos regalaban maíz y arroz, el problema es que los niños se enfermaron cuando probaron tortilla, lo vomitaron todo igual que nosotras porque ya no estábamos acostumbrados.

Hay personas de la comunidad que nos tenían envidia y se reían de nosotras cuando fuimos a bañarnos al rió nos maltrataban, nos decían “ah, ya llegaron los que tomaron sangre y los que matan”, nosotros no matamos a ninguna persona, las personas que tenían contacto con los comisionados nos dijeron “si las ofenden no tienen que decir nada solo escuchen y eso va pasar atrás de sus oídos, no tienen que guardar eso en su corazón, ustedes ya aguantaron todo el sufrimiento vamos a ver si ellos van aguantar pasar todo ese sufrimiento que ustedes, porque algún día los van a sufrir lo mismo”.

Siete Años en el Camino

Seis años estuvimos en la montaña y seis meses en la zona militar de Cobán y otros seis meses en Sepur Zarco en total estuvimos siete años en el camino.

Me alegré cuando llegué otra vez a mi comunidad y cuando llegué a la casa de mi hijos, los militares no me dieron una casa solita, solo para mis cuatro hijos, hasta ahora todavía tengo la lámina que me regalaron en la zona militar de Cobán y la cuido mucho, pero los palos con que estaba construida se pudrieron rápido, pedí favor a las personas que me ayudaran y solo se tardaron medio día para construirlo, ahora tengo una casa grande, la lámina salió de un proyecto, me alegró mucho volver a mi comunidad, estaba contenta porque yo iba en Telemán y en el Estor, ya no nos dicen nada, somos libre para salir y fuimos a sacar nuestro documento.

No se va borrar de mi memoria cuando regrese aquí en la aldea que me preguntaron ¿es cierto que ya te juntaste? y las personas de Sepur Zarco decían “ella ya tiene marido y es un licenciado y su marido está trabajando en una organización” eso me lo contó una señora, ella me preguntó ¿dónde está tu marido? le dije que yo no tengo marido, lo que dicen es mentira yo estaba junto con mis hijos y cuando llegamos aquí en la aldea estaban muchas personas viéndonos les dije que los licenciados no se mantiene en la montaña, ellos se mantienen en el pueblo, los licenciados no comen frutos de árboles que no se comen y que cuando estuve en la montaña comí frutas de árboles y mis manos no se veía nada de tanto cortar los frutos eso lo que yo daba a mis hijos de comer, Dios sabe todo lo que nos dijeron cuando regresamos de la montaña.

La señora que me preguntó si mi marido era licenciado, me dio trabajo de desgranar maíz, cuando es día de mercado mi hijo quiere comer galletas, pero cuando una no tiene dinero una no puede hacer nada; mis hijos se alegraron cuando nos venimos aquí a la aldea, pedí permiso a los militares para trabajar porque no tenía nada de dinero y ellos me dijeron “está bien” me preguntaron ¿cómo a qué hora vas a regresar? les dije como las cinco de la tarde, en un día desgrané cuatro sacos de mazorca, al siguiente día me fui otra vez, mi hijo que esta grande ahorita, entonces estaba muy pequeño y yo lo llevaba conmigo y lo dejaba a la sombra de un corozo, él se aburría de estar aguantando sol, me pagaban 20 quetzales.

Al llegar en San Marcos muchas personas nos dicen que nos va a matar a todos los que estuvimos en la montaña, los militares nos dijeron que la comunidad de San Marcos no tiene dueño por eso nos venimos ahí, vinieron personas de otro país a vernos en carros como de Estados Unidos cuando estuvimos allá en la zona militar de Cobán. Por eso cuando regresamos a San Marcos ya no había gente ni casas porque los árboles ya estaban grandes y nosotros somos los primeros que empezamos nuevamente la comunidad.

La Organización

Sólo mis hijos me ayudaron a chapear mi terreno para sembrar mi milpa, sé que Dios sabe todo, hay comité para ver que todo esté bien en la comunidad pero ellos no se preocupan por nosotras las viudas, tengo tres hijas y ellas se juntaron con su marido y mis yernos me ayudaron a chapear un poco de terreno, mi hijo mayor se encarga de sembrar la milpa, nadie se preocupó si comíamos todos los días o no, yo busqué la manera de mantenerlos, yo no busqué otro hombre si no que trabaje mucho, los que construyeron mi casa y la de mis hijos fue la zona militar y después PROSIDEC y CONAVIGUA nos ayudaron pero hay algunos que no lo tienen por eso se enojan con nosotros.

Antes cuando regresamos de la zona militar nos dijeron que los hombres puedan trabajar juntos para ayudarse entre ellos mismos, sembraron maíz y fríjol cuando llegamos aquí los hombres se reunieron y sembraron 40 cuerdas de fríjol y las cosecha que salía lo vendían y con eso compraban ropa para los hombres y para las mujeres, después poco a poco ya cada uno siembra su propia cosecha. Cuando hay problema las autoridades se encargan de solucionar y si hay consejo de mujeres también participan, cuando hay problema con las mujeres. Ahora ya no hay problema, los pueblos ya son libres porque antes murió mucha gente porque no sabíamos nada de las organizaciones.

Ahora las cosas son diferentes, los niños tienen más conocimientos que nosotros se pueden dar cuenta que ahora hay señoritas que tienen más conocimiento y también los jovencitos ya hablan de todo eso del cuerpo, antes nosotras no teníamos idea de eso porque nuestros padres no nos explican muy bien, cuando nuestros padres estaban hablando ellos no les gusta cuando uno se acerca a escuchar de lo que estaban diciendo, cuando llega una persona a visitar mi mamá nos mandaba a hacer nuestros trabajos; los niños que están creciendo ahora me imagino que lo aprenden en la escuela, cuando nosotros crecimos no era así, no conocimos hombres, nos encerraban.

Antes yo no apoyé a las otras, en este tiempo le he dado consejo a una viuda cómo debe de enseñar los trabajos a sus hijos, una señora que estaba en San Marcos se volvió a juntar con otro hombre y la verdad su marido le trata mal también a los hijos de la señora le pega mucho, entonces yo hablé con ella y le dije “si yo fuera así no lo voy aguantar a que me pegue ni me voy a quedar más con él” por eso yo no quise juntar con otro hombre, pero ella me dice “que no encuentra la manera de mantener a sus hijos”.

Han cambiado también las fiestas, yo siempre hago la ceremonia pero solo en mi casa, en la comunidad no lo hago porque hay personas que lo dirigen y también a veces los hombres no les gusta cuando hay mujeres que lo dirijan por eso ellos no me van a tomar en cuenta porque ven que soy una mujer, los hombres se ponen de acuerdo y además no puedo decir que voy a entrar sino que la comunidad manda quienes van a dirigir, ellos son los ancianos y ancianas; también hice una ceremonia cuando regresé de Esquípulas ya va cumplir un año y hasta hora mis animales no les ha pasado nada, antes sí se murieron mis animales pero ahora ya no, el día de muertos invito a mis hijos a mi casa o yo voy a la de ellos, preparamos la comida, compramos pan y gaseosa de todo lo que comen, candelas y lo vamos a poner en la mesa, eso lo hacen en todas las comunidades.

A veces yo tengo miedo de contar todo lo que pasó en la guerra yo me asusté mucho, hasta me fui con un curandero que hizo llamar a mi espíritu, sé que sí es importante, igual lo hicimos con el Ministerio Público, le contamos cuando hicieron la exhumación aquí en la finca Tinaja porque mataron a muchas mujeres en Sepur Zarco, en esa exhumación encontraron el cuerpo de una mujer y sus hijas la llegaron a ver, ellas estaban llorando y decían que su mamá llegó a ver a su marido pero ya no regresó a la casa y ahí mismo la mataron también. Yo llegué en la finca Tinaja cuando hicieron la exhumación, cuando estuvimos contando nuestra historia, también encontraron uno de San Marcos, fue el cuerpo de mi marido y se lo llevaron en la ciudad Capital pero no me dijeron cuándo regresó, por eso mis hijos me dicen “pobrecita cuando vas en reuniones sola no sé si tiene precio lo que estás haciendo”, yo les contesto a ellos, “solo Dios sabe si tiene precio lo que estamos haciendo”, de todos estoy participando en una organización y estoy contenta de participar en reuniones ya llevo como 15 años, en CONAVIGUA, en derechos humanos, en Telemán y yo tengo que ir para conocer nuevas ideas y nadie me dice que no voy a ir porque no tengo marido, entonces ellos me dicen que está bien, ellos lo dicen porque se preocupan por mí pero yo tengo que participar y cumplir las reuniones.

En CONAVIGUA no solamente piden justicia, ellos saben cuantas viudas se quedaron, pedimos proyectos porque somos mujeres viudas y pedimos proyectos de lámina pero ahora ya no está saliendo proyectos. Antes nosotras no logramos organizar un grupo de mujeres pero luego llegó CONAVIGUA a reunir a todas las viudas y desde ese momento empezamos a organizarnos y también otra organización que es PROSIDEC esas organizaciones nos apoyaron un poco, ahí hablamos de que nosotras las mujeres tenemos derecho, no solo los hombres tienen derecho sino que las señoritas y jóvenes también tiene derecho de participar para que así podemos salir adelante, CONAVIGUA nos dice que nosotras las mujeres no nos toman en cuenta, nos discriminan como mujeres q’eqchi’, los ricos no nos toman en cuenta, las señoritas tienen derecho de estudiar y nosotras las mujeres tenemos derecho de organizarnos; yo le he dicho a mis hijas que tienen derecho a participar en las reuniones para que todo sea igual con los hombres, así como en CONAVIGUA está dando la oportunidad a todas y todos que participen, ahora las mujeres tenemos derecho de participar en las reuniones no solo los hombres tienen derecho sino que nosotras también como mujeres, así vamos a salir adelante, eso es lo que digo a mis hijas y a mis nietos.

Cuando empecé a participar en lo de la tierra yo tenía que ir a las reuniones para escuchar lo que decían y a colaborar en la comunidad, la verdad que yo luché porque yo quiero que mis hijos tengan terreno, a mí me dieron terreno pero los comités se dieron cuenta que se casó mi hijo y después los comités llegaron a mi casa a platicar conmigo y me dijeron “ahora ya se casó su hijo y usted ya es muy anciana, ahora sus hijos te van a mantener, con respecto al terreno vamos a pasar a nombre de su hijo para no encontrar problema”.

Ahora hay un poco de problema con el terreno de San Marcos porque hay un finquero que quiere agarrar ese terreno, ahora están muchos finqueros porque quieren sembrar caña porque nuestro terreno no está legalizado pero sí estamos luchando con fondo de tierra, el comité de tierra entregó un documento a organización, no sé a qué organización lo entregaron para comprar el terreno al dueño y hasta ahora no sabemos nada de cómo está lo de la tierra. Anteayer llegó un señor que se llama Daniel y habló con la gente de San Marcos, primero empezó a participar con César Montes pero las personas de San Marcos ya no están de acuerdo en que César Montes junto con el finquero, Carlos Lima, compren el terreno de San Marcos, no sé si está bien lo que están haciendo las personas, de todas formas nosotros vamos a buscar la manera para que los finqueros no agarren nuestro terreno.

La Memoria que Grita Justicia

Cuando nos empezaron a matar no teníamos claro lo de los militares y hasta ahora nos está abriendo los ojos muy claro las organizaciones: ¿por qué nos querían matar a todos los indígenas? Antes yo pensaba que solo aquí sufrimos la guerra, pero no es así, sino en todo Guatemala. Algunos tenían idea de lo qué pasó, pero nosotros no lo sabíamos; lo qué pasó en la guerra lo tenemos guardado en nuestro corazón; y eso nunca se nos va a olvidar.

Para eso estamos en reuniones, para lograr justicia, para que los militares sean castigados, eso queremos, justicia.

Quiero justicia por las cosas que nos hicieron, porque los militares no nos vieron con lastima cuando nos quedamos solas, para que los militares sean castigados, que sientan el dolor, lo mismo que sufrimos nosotras; y por lo que hicieron a nuestros maridos, porque los hombres que se llevaron no tenían la culpa, no robaron nada en el almacén de los militares. No sé si vamos a llegar a lograr la justicia o no, no sé si algunos están vivos o ya se murieron, pero sé que algún día lo van a pagar.

También a don Canche porque él trabajó en la municipalidad de Panzós, y él mandó a los militares a la comunidad de San Marcos; todos lo sabemos. Cuando mataron a muchas personas en Panzós, él fue el culpable; eso dicen las mujeres viudas. Y aunque ya no está trabajando en el municipio o ya no está en Panzós, sí estaba cuando regresamos de la montaña. Nosotras fuimos a Panzós a arreglar unos documentos, pero él no nos los quiso dar. Se puede pedir justicia, sí. Lo podemos hacer juntas porque todas sufrimos igual. No podemos hacer justicia solas, si no juntas, lo podemos hacer y entre todas también contar más historias.

En esta organización voy a seguir participando, porque me violaron. Cuando llegamos al encuentro, conocí a varias mujeres de diferentes lugares, pienso que no solo a nosotras nos paso la violación, somos muchas mujeres en el grupo. Yo digo que todas las mujeres vamos a ir con el gobierno porque no estamos inventando lo que estamos diciendo. Ese día, solo Dios sabe, tal vez no voy aguantar el miedo o tal vez ahora ya no vamos a conocer las caras de los militares porque ya es mucho tiempo. Ese día voy a estar enojada contra ellos, tal vez lo voy a gritar no voy a estar riendo. Ellos nos hicieron mucho daño, yo les puedo decir a los militares “ustedes son los culpables mataron a mi marido y me violaron eso fue en el año 1980”.

Polochic, 2006.

Otros testimonios recabados en este país: Guatemala